Descubriendo que el Rey Sol se casó con una infanta de España, Teresa de Hasburgo, en San Juan de Luz

Como habréis observado, llevo una semana sin escribir. La razón es que he realizado un estupendo viaje por el País Vasco en el que tuve ocasión de acercarme hasta Saint Jean de Luz. Allí, lo primero que llamó mi atención fue una espectacular instalación realizada con pimientos en color rojo y negro – conocidos como piments d’Espelette -, que decoraban la fachada de una pastelería llamada Maison Adam.

Entré en la tienda y estuve hablando un buen rato con el responsable de la misma quien me contó que durante el mes de mayo de 1660, Saint Jean de Luz se preparó para recibir a su rey, Louis XIV, quien había elegido su hermosa iglesia para celebrar en ella su boda con María Teresa de Hasburgo, infanta de España.

Para la ocasión, todas las casas por donde iba a pasar el cortejo nupcial se decoraron con enseñas floreadas y banderolas a la moda vasca, y una suntuosa alfombra roja iba desde el Lohobiague -la mansión del armador Haraneder donde se alojaba el rey y su séquito-, hasta la iglesia. De ahí la inspiración para la original instalación con la que actualmente está decorada la fachada de esta boutique gourmet.

Para agasajarlos, siguió contándome mi amable anfitrión, todos los comerciantes de la ciudad enviaron hasta esta casa sus mejores vinos y elaborados a modo de bienvenida. Uno de ellos, Monsieur Adam, pastelero, envíó a una de sus sirvientas (Gachucha) con una bandeja repleta de macarons (la especialidad de su casa, cuyo secreto de elaboración no compartía con nadie). La reina madre probó unos de estos deliciosos merengues junto con un vasito de txacoli, y en seguida se volvió adicta a ellos.

El caso es que esta pastelería es uno de los mejores exponentes de la cultura vasca desde que fue inaugurada en el siglo XVII. Desde entonces, tres generaciones de una misma familia se han ido transmitiendo sus conocimientos, celosamente preservados al servicio de la excelencia.

La especialidad de esta pastelería son pues sus famosos macarons. Estos pastelitos de merengue que tanto prestigio les han valido son elaborados a mano a diario con almendras, azúcar y claras batidas a punto de nieve sin conservantes, y custodian un ingrediente esencial que constituye la esencia de un secreto familiar que permite que se conserven diez días en el cajón de verduras de nuestras neveras en perfecto estado (aunque hay que sacarlos una hora antes de consumirlos).

Quizá sea debido a que los macarons se han puesto muy de moda, y ahora es fácil encontrarlos buenísimos también en Madrid (como los de Moulin au Chocolat); el caso es que lo que realmente llamó mi atención fueron los típicos gâteaux basques. Un bizcocho fabricado desde hace generaciones en todos los hogares del País Vasco y fácilmente reconocibles por el lauburu o cruz vasca con la que van decorados.

Pregunté a quienes me atendieron el significado de esta curiosa cruz que recuerda la forma de una hélice, y me dijeron que representa los cuatro elementos: tierra, fuego, mar y aire.

Dejando de lado los macarons y los gâteaux, no pude dejar de admirar y de alabar el montaje con el que habían decorado el escaparate que daba a la Rue de la République. Una auténtica oda al otoño con setas gigantes de distintos tamaños realizadas en chocolate con grandes crudos de cacao (criollo, forastero y trinitario).

Las ganachas y los pralinés de la Maison Adam también nos permiten disfrutar del placer de los sabores intensos, aterciopelados y crujientes, sorprendiendo los paladares de los connaisseurs gourmets y golosos más exigentes.

Está claro que Jean-Pierre Telleria-Adam, su actual gerente, continúa dirigiendo el negocio heredado de su padre Jakes, procurando respetar la tradición al tiempo que también innova. ¡Espectacular!

Sitio oficial Maison Adam

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1 Comentario
  • GG
    octubre 23, 2017

    Si, es una maravilla.
    Me encanta el escaparate de las setas!!!

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