La afición de Monsieur Dior por el circo viene de lejos, porque allí, por los contrastes entre glamour y vulgaridad, sus vestidos destacaban más

Tras la elección de la carpa de un circo para presentarnos su última colección Dior Couture para la primavera-verano 2019, comprobamos como Maria Grazia Chiuri sigue documentándose y explorando los viejos archivos de la Maison Dior a la hora de buscar inspiración para la concepción de sus nuevas colecciones.

Como a los Grimaldi, Jean Cocteau o Federico Fellini, a Christian Dior le gustaba asistir a las representaciones que ofrecía el Cirque d’Hiver –un lugar tan mágico y poético como melancólico, en el que el glamour y la vulgaridad iban siempre de la mano.

Fundado un 11 de diciembre de 1852 por el Duc de Morny, hermanastro del príncipe Louis-Napoléon de quien obtuvo la autorización para pedir al arquitecto Jacques Hittorf que lo construyese. El 12 de noviembre de 1859, el circo se iluminó gracias a un trapecio volante inventado por Toulousain Léotard. Con la caída del Segundo Imperio, este circo se convirtió en el Circo Nacional, y en 1873, en el Circo de Invierno. Durante la década de los 50, el circo pasó a manos de la familia Bouglione quien ofrecía espectáculos de una gran variedad.

En 1955, las cámaras de Hollywood plantaron sus fueros en sus instalaciones para el rodaje de la película “Trapecio”. Carol Reed escribió todo un himno al arte circense e inmortalizó a Gina Lollobrigida, Tony Curtis y Burt Lancaster en una obra maestra de este género.

En agosto de 1956, el gran fotógrafo de moda Richard Avedon utilizó también las instalaciones de este circo para una sesión de fotos con la modelo internacional Dovima (Dorothy Virginia Margaret Juba) que más tarde se publicaría en la revista Harper’s Bazaar.

El espectacular visual que realizó en la pista central entró, por méritos propios, a formar parte de la historia de la fotografía. En esta imagen, Avedon, autor de contrastes, quiso transmitirnos la idea de juventud y vejez, libertad y cautiverio, ligereza y pesadez a través de unos clichés en blanco y negro.

En ellos se puede ver a la gran Dovima –icono de moda de la época-, situada justo delante de dos elefantes encadenados luciendo un sofisticado vestido de terciopelo negro con las mangas pegadas y un escote profunde adornado por un largo fajin de satén blanco drapeado colocado justo por encima de la cintura diseñado por un jovencísimo Yves Saint Laurent (19 años) que, por aquel entonces, trabajaba para Christian Dior como ayudante.

Lo que más llama la atención de esta foto son las distintas texturas que observamos: la piel rugosa de los elefantes, la textura sedosa del vestido y del fajín, el cutis inmaculado de la modelo. La elegancia de esta foto, que coincide con la época dorada de la alta costura en París, estriba precisamente en que la modelo parece encontrarse fuera de lugar, lo que hace que destaque aún más su vestido Dior.

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