La tenuta de Pantelleria de Carole Bouquet donde se celebrará la boda religiosa de Charlotte Casiraghi

Gracias a Isabella Rossellini, Carole Bouquet adquirió una “tenuta” (una finca) de 18.000 hectáreas a finales de los años 90 en la isla de Pantelleria, cerca de Sicilia. Pantelleria es una isla rocosa y áspera, llena de contradicciones. Su tierra es volcánica, pero el aire huele a jazmín. Precioso el contraste cromático entre el negro de la lava que domina el paisaje y los viñedos verdes. Dice la leyenda que aquí fue donde se conocieron Ulises y Calipso.

Desde el 2005, la madre del flamante marido de Charlotte Casiraghi cultiva y explota viñedos cerca del pueblo de Serraglio para la fabricación del «passito», un moscatel o vino dulce. Esta viña produce 14.000 botellas al año que la actriz comercializa bajo la marca “Sangue d’Oro”. Se necesitan 40 kilos de uva para producir un hectolitro de moscatel. Todo gracias a la ayuda del enólogo Claude Boudamani, y de Dott Donato Lanati, un sabio consejero en viticultura y vinificación.

Carole confiesa haberse enamorado de esta tierra, más todavía que del mar. Se trata de una tierra difícil de trabajar -sus pendientes impiden que se pueda emplear maquinaria, y hay que hacer todo el trabajo a mano-, pero que destila frutos increíbles. Las viñas no crecen demasiado por culpa del viento, y después de la vendimia hay que girarlas como si fuesen girasoles para que les de bien el sol. De esto se encarga Nunzio Gorgone, el agricultor a quien compró estas tierras, y que hoy es el máximo responsable de las tierras y de las bodegas donde se produce este vino.

Más que una casa de vacaciones, Carole ha recuperado un «manojo» de antiguos dammusíes, arquitectura típica de la isla, en el campo salvaje de Pantelleria, fundando una verdadera finca donde produce, además del famoso passito, alcaparras, aceite y orégano que le encanta regalar a sus amigos más cercanos.

La celebración de la boda religiosa se celebrará en los jardinus abiertos de este lugar invadidos por plantas autóctonas, y por pequeños huertos de árboles frutales de inspiración árabe que permiten resguardarse del viento perenne presente en la isla. De la decoración del jardín se está encargando Karin Eggers, una diseñadora alemana que vive y trabaja en Pantelleria, quien ha sabido mezclar con sabiduría muebles de exterior con el entorno, utilizando también accesorios en forma de jarras de vidrio soplado en forma de pez o platos de cerámica de Vietri que añaden notas de color brillantes al conjunto. ¡No veo el momento de ver las fotos!

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1 Comentario
  • Gg
    junio 5, 2019

    Que maravilla!!!

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