Las minaudières de Van Cleef & Arpels, un lugar para cada cosa, y una cosa en cada lugar

Obra maestra de gracia y de ingenio, las minaudières siempre han sido un accesorio que hemos asociado a la feminidad. Durante los Locos Años 20, las mujeres más elegantes adquirieron la costumbre de complementar sus atuendos con algunos accesorios que eran unos bolsitos de noche rígidos que se llevaban en la mano, y que eran una evolución de los famosos «Vanity Case».

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Un día que Charles Arpels fue a recoger a su buena amiga Florence Jay Gould para acudir juntos a una fiesta, vio como ésta metía a toda prisa y a batiburrillo un labial, una polvera, un paquete de cigarrillos, y un mechero en una caja metálica de cigarrillos de la marca Lucky Strike.

Esto le dio la idea de crear unas preciosas cajitas a las que llamó Minaudières. El nombre se lo puso en honor de Estelle, la mujer de Alfred Van Cleef, a quien todo el mundo tomaba el pelo cariñosamente por sus encantadoras minauderies (coqueteos).

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Este clutch rígido fue concebido con una serie de compartimentos internos donde poder colocar de forma ordenada los objetos indispensables para cualquier mujer de mundo. A saber: maquillaje, peine, espejo, carnet de baile, porta cigarrillos e incluso un pequeño reloj en miniatura.

Todo incluido dentro de una suntuosa caja, que se convirtió por méritos propios en una de las piezas emblemáticas de la marca. Entre los modelos más conocidos está el modelo Volutas que data del año 1935. Este clutch está cubierto por una superficie lacada en negro y tiene un cierre adornado con un motivo en oro blanco, diamantes, esperaldas y zafiros.

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De una belleza absolutamente atemporal, la Minaudière Volutes encarna todo el espíritu de Van Cleef & Arpels, pero además de este modelo existen otros como la Minaudière Roses de 1926, el Espejo de Aguas del 2003, o el Jardín de Oriente del 2006.

La Minaudière Volutes formó parte de las 300 piezas expuestas como exponentes del estilo Van Cleef & Arpels en el Cooper-Hewitt National Design Museum de Nueva York en el año 2011.

Un objeto que se sujetaba como un libro – como si fuese un misal -, y con el que se podía juguetear, dejar sobre una mesa (ya que era digno de ser admirado), pero que no se podía colgar de un asa como si fuese una bolsa de la compra, ni guardar debajo del brazo como si fuera el portafolios de un ministro, y menos aún colgar del cinturón como una faltriquera.

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Se trataba de un accesorio que modificaba la silueta de la mujer, la equilibraba, al tiempo que creaba todo un repertorio de gestos y actitudes que podían incluso variar un estado de ánimo, ya que la imagen que proyectan las personas que juguetean con una de estas minaudières – a lo Maë West -, no tienen nada que ver con las que aprietan contra su pecho esas carteritas que recuerdan a los estuches infantiles.

Preciosas y lujosas simbolizan el súmmun del refinamiento y de la elegancia. Gracias a ellas, el gesto de empolvarse la nariz en público adquiere una gran importancia. Ya no hay que hacerlo a escondidas. Se tratan de piezas que llegan directas de manos de expertos y hábiles artesanos, muchos de ellos joyeros, que saben adornarlas con un trabajo sobrio pero suntuoso lacando su superficie o incrustando sobre ella piedras preciosas.

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Pero, sin duda alguna, lo mejor está en el interior, ya que dentro de un volumen muy reducido, que se presenta como si fuese un puzzle, se compartimenta todo para que haya un lugar para cada cosa, y una cosa en cada lugar.

Sitio oficial | Van Cleef & Arpels

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