Murano inspira a Maria Grazia Chiuri las joyas de la colección D-Murrine para la primavera-verano 2018

Que Maria Grazia Chiuri es una «italiana vera», orgullosa de su raíces, es algo que hemos podido ir constatando a medida que aprendemos a conocerla mejor a través de sus colecciones y de las entrevistas que ha ido concediendo desde que está a los mandos de Dior.

Por este motivo, no nos ha extrañado nada que haya querido recuperar la tradición del saber hacer vidriero de la isla de Murano situada a tan solo unos kilómetros de Venecia en el norte de Italia.

Allí, desde tiempos inmemoriales existen varios talleres de maestros vidrieros con mucho expertise en los que se trabaja soplando el vidrio incandescente frente a hornos a una elavadísima temperatura de 1300 °C. mientras se desafía la gravedad jugando con la inercia dando muestras de dominar ese movimiento que se requiere para dar vida a pequeñas obras de arte.

No sé a vosotros pero a mi los colores vivos siempre me han transmitido alegría de vivir. Las joyas de la colección de prêt-à-porter primavera-verano 2018 de Dior declinados en collares, anillos y pendientes de cristal con motivos multicolores, realizados a mano conforme a una técnica ancestral me resultan súper alegres.

Para conocer su elaboración hay que viajar hasta la cuna de este savoir-faire vidriero, en la isla de Murano -ubicada a tan solo unos kilómetros de Venecia.

Allí, en el taller más famoso de Murano, un soplador agarra el vidrio con una caña en un horno, dominando el movimiento y controlando el calor. Tras haber combinado, envuelto y mezclado varios colores para crear el motivo deseado, estira el vidrio con la ayuda de un compañero. Cuando la barra está preparada, se corta en cientos de las llamadas murrinas, cada una de ella muestra un motivo único que puede tener forma de estrella, de corazón, de sol o incluso de flor.

Para elaborar un par de estos pendientes Tribales de Dior hay que ensamblar dieciséis murrinas diferentes. Para realizar el corazón del pendiente hacen falta dos, y ocho para el cabujón del anillo.

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Finalmente, en la fábrica que Dior tiene desde el año 1955 en Pforzheim (Alemania), para la elaboración de sus joyas fantasía se crean las monturas de latón siguiendo un ancestral proceso de la fundición que consiste en obtener figuras de metal mediante un molde de cera.

A continuación, las manos del artesano trabajan cuidadosamente las piezas perfilando los detalles de los anillos, collares o pendientes. Gracias a varios baños de galvanizado, las piezas se recubren de oro fino y, posteriormente, de rutenio para otorgarles el característico color negro. Un tratamiento específico les confiere ese efecto vintage tan particular que tanto le gusta a Maria Grazia Chiuri.

Después, se fijan sobre ellos las perlas de vidrio que sirven de soporte a la famosa abeja que forma parte del ADN de la marca, al número ocho, al trébol, a la estrella o las iniciales «CD». Una vez ensambladas, las joyas están listas para pasar el control de calidad, antes de ser protegidas por un elegante estuche.

Sitio oficial Dior

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