Si vais a Pamplona, quedamos en el Iruña

El Café Iruña que preside la plaza del Castillo desde el año de su fundación en 1888 es el punto de encuentro por excelencia Pamplona, y un testigo privilegiado del paso del tiempo. Un lugar céntrico y legendario situado en los bajos del edificio del Casino Principal que merece la pena ser visitado.

Nada más acercarme a los soportales de la plaza que lo custodian me recordó un montón al Café Florian de la plaza de San Marcos en Venecia. Sin duda alguna, uno de los rincones más emblemáticos de Pamplona que conserva todo su tradicional encanto, y en donde parece haberse detenido el tiempo.

Cruzar la puerta del Café de Iruña es toparse con un escenario de lo más evocador formado por suelos en damero, columnas de hierro forjado, lámparas de época, mesas de mármol y sillas Thonet, y esos grandes espejos de estilo veneciano o pintados a mano con ácido que contribuyen a crear un efecto de laberinto al ver nuestra imagen reflejada hasta el infinito.

Allí fue donde el escritor Ernest Hemingway solía sentarse en un rincón acompañado por una buena copa de coñac para escribir, lo que dio vida a libros tan emblemáticos como «Fiesta», «Adiós a las armas», «Por quién doblan las campanas», y «El viejo y el mar».

El Rincón de Hemingway es un acogedor y tranquilo rincón al fondo de la barra en el que domina el espíritu del escritor Ernest Hemingway en forma de una escultura realizada en bronce, de tamaño natural, en la que se le puede ver en mangas de camisas y con su característica y poblada barba apoyado en la barra viendo pasar la vida.

Lo cierto es que el Café Iruña es uno de los lugares más exclusivos de Pamplona debido a su historia y tradición, y en donde se puede disfrutar de un buen café, de un amplio surtido de pintxos realizados con productos de la región o de una copa con el sonido de fondo de las notas de un viejo bandoneón que llegan desde la plaza. No desde su quiosco de música, sino desde un banco en el que se sienta un viejecito que toca con mucho arte y sentimiento por unas cuantas monedas.

El Café Iruña (Iruñea era el nombre vasco de la población que vivió en Pamplona antes de la llegada del general romano Pompeyo en el año 74 antes de Cristo) es sin duda alguna un precioso café que mantiene toda la esencia y el encanto del pasado trasladándonos a otras épocas como si hubiésemos entrado en una máquina del tiempo.

Así que, si vais a Pamplona, además de peregrinar a la calle de la Estafeta o asistir al lanzamiento del chupinazo desde el balcón de su ayuntamiento, no dejéis de visitarlo.

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2 Comentarios
  • Fegelarse
    octubre 22, 2017

    Ese bar (no sabría llamarlo de otra manera) está repleto de recuerdos y si es »famoso» será por la historia ¿no? O puede que sea por los »pintxos» que sirven ahí… Nunca he ido a Pamplona pero debe ser una ciudad bonita.

  • GG
    octubre 23, 2017

    Desde luego es todo un viaje en el tiempo…
    Q maravilla q se sigan conservando lugares así!

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